La antigua frase de Descartes “Pienso, luego existo” ha sido refutada por los neurocientíficos, que tras un extenso y profundo análisis del mundo emocional y sus alcances han afirmado que más bien lo que sucede es que “sentimos, luego pensamos”.

 

Las emociones son la vida, nuestra energía vital y manifiestan nuestra capacidad de integración, flexibilidad y sensibilidad.

 

Aquellas personas que no tienen capacidad de adaptarse “desaparecen”. Las emociones tienen un valor adaptativo y son muy importantes para nuestro bienestar. Nos dan señales de alerta, nos informan y, si hay posibilidades de una situación peligrosa o importante que exige nuestra atención inmediata, se interrumpe la actividad del momento para dedicarle nuestra total energía y atención.

 

A menudo la toma de decisiones queda influida por las emociones. Podemos aprender a tomar decisiones, adquirir formas más eficientes y efectivas para elegir.

Las emociones tienen un papel preponderante en el momento de tomar decisiones. Experimentar miedo, enojo o tristeza frente a una decisión, puede generar que no “veamos” todas las posibilidades o que el obstáculo parezca más grande de lo que es.  La alegría y la confianza son estados de ánimo que “abren” la mente para tener en cuenta múltiples factores.

 

“La Inteligencia Emocional es la capacidad de controlar, percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y la de los demás promoviendo un crecimiento emocional e intelectual, para poder discriminar y utilizar esta información para guiar nuestros pensamientos y acciones.”

 

Vivimos en una sociedad globalizada, donde productos y servicios son cada vez más parecidos y se vuelven cada vez más difíciles de diferenciar entre sí. La diferencia la hacen las personas. La creatividad de las personas es lo que hace la diferencia. Las personas empáticas y creativas son las que hacen la diferencia en las organizaciones.

 

En este proceso es importante trabajar sobre cuatro aspectos:

♦ El autoconocimiento, la conciencia de uno mismo, lo que uno quiere, lo que uno siente, lo que hace bien y lo que hace mal.

♦ Gestionarse a uno mismo, que es poner lo que está de nuestro lado para cumplir con las metas que uno se propone. A partir del conocimiento de las propias limitaciones, ver cómo hacer para superarlas y a partir del conocimiento de las propias fortalezas, ver cómo hacer para sacarles un mejor provecho.

♦ Empatía, entender cómo se sienten los demás. Tener en cuenta que las personas no todo lo dicen con palabras, sino a través de otros medios como el tono de voz, el lenguaje corporal, etc. Entender el punto de vista del otro y entendiendo eso, saber que le pasa a la otra persona.

♦ Manejo de las relaciones, que se vincula a poder ser parte de un equipo (aún cuando uno profesionalmente trabaje solo), colaborar, resolver conflictos, influir sobre las personas, persuadir, comunicarse, escuchar…

 

Gracias a un entrenamiento adecuado podremos modificar nuestro estado de ánimo e incluso el de los que nos rodean y mejorar de esta manera nuestras relaciones sociales. Cuando somos conscientes de nuestros sentimientos y tratamos de comprenderlos, somos capaces de entender las actitudes y comportamientos de los demás. Podremos empatizar con ellos y con sus circunstancias y ayudarles a gestionar sus propias emociones. Y de este modo se podrán prevenir futuros conflictos y posibles disputas.

Si yo controlo mis emociones podré enfrentarme eficazmente a los obstáculos que se me presenten, conseguiré automotivarme y motivar a los demás, seré más persistente y tenaz en el logro de mis objetivos, aumentaré mi tolerancia a la frustración cuando las cosas no salgan bien y evitaré que emociones como la ansiedad, la tristeza y la ira me bloqueen o incapaciten.

 

La identificación correcta de las emociones facilita las actividades cognitivas tales como el razonamiento, resolución de problemas y comunicación interpersonal. Las emociones pueden facilitarnos el pensamiento al dirigir la atención a la información importante. Las personas que desarrollan completamente esta capacidad son capaces de generar emociones vívidas para ayudar al juicio racional, los procesos de memoria y generar estados de ánimo que facilitan poder considerar algo ante múltiples perspectivas ya que la producción de distintos estados emocionales ayuda a fomentar diferentes estilos de pensamiento.

 

Todo esto también nos hacer replantear nuestras necesidades en materia de conocimiento: nos hace ver que tenemos mucho por aprender, pero también que mucho de lo que sabemos será de poca utilidad de cara al futuro, por lo cual también tenemos que tener capacidad de desaprender. En esta lógica, los pilares del conocimiento se basan en cuatro aprendizajes:

 

◼ Aprender a conocer

◼ Aprender a hacer

◼ Aprender a vivir en sociedad

◼ Aprender a ser.

 

Los cambios socioeconómicos por los que transita nuestra sociedad requieren de unos desafíos, ajustes y adaptación para no perder la singularidad en la diversidad, la identidad en la globalidad, la ética en la confusión de valores y el respeto y la aceptación en la pluralidad, la equidad en la desigualdad y la seguridad en la incertidumbre. 

 

Lic. Mario Gómez

Director Le Bleu® Negocios Inmobiliarios