Un paradigma es el marco a través del cual una persona percibe (y filtra) la realidad, y actúa en consecuencia. Hoy, de pronto, la humanidad contemporánea, tan orgullosa de sí misma y tan autosuficiente, se encuentra derrotada por un pequeño virus gripal que pone en jaque a todas las naciones, dejando al descubierto la debilidad, fragilidad y fugacidad de las “sólidas” estructuras humanas.

Estamos ante un nuevo cambio de paradigma que nos induce a estar prontos a cambiar de plan y obliga a replantear todo de cero: lo que veníamos haciendo no es extrapolable hacia el futuro, implica capacidad de desaprender: la mitad de lo que sabemos ya no sirve, pero además no tenemos tan claro cuál es la mitad útil.

La actividad inmobiliaria es procíclica. Cuando el PBI decrece, como se espera que suceda en Argentina (algunas mediciones hablan de una caída del 6/7% para 2020), la actividad inmobiliaria decrecerá a un ritmo aún mayor.

Por otro lado, no sabemos cuánto tiempo llevará la normalización de la economía. Y además, está claro que la gente necesitará solucionar otros problemas antes de volcarse nuevamente a la compra de inmuebles. Si pensamos que los grandes motores de la demanda de inmuebles (uso  e inversión), ambas están ralentizadas. La demanda de uso depende del crédito y de las condiciones en el mercado de trabajo (creación de empleo de alto poder adquisitivo). La inversión de la generación de excedentes en la economía y de la confianza. Todos estos factores están afectados por la crisis.